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Lágrimas de marzo.

El tiempo en marzo es algo loco, ya lo dice el refrán " A marzo alabo, si no vuelve el rabo ", como corresponde a un mes de transición entre el invierno y la primavera. La cepa ha pasado dormida todo el invierno y los primeros calores harán de despertador.
 
La primera en darse cuenta es la raíz, que nota como el suelo va calentándose poco a poco, y avisa al resto de la planta que hay que ir desperezándose. Poco a poco la maquinaria, en forma de savia cargada de nutrientes y hormonas vegetales, comienza a moverse para llegar hasta el último rincón de la planta.

Así que tenemos a la savia recorriendo los vasos conductores de la vid, hasta que de repente se encuentra con que la "tubería" por la que circula ha desaparecido. Resulta que ha llegado a una herida de poda, justo por donde cortó el viticultor el sarmiento cuando realizaba la poda de invierno. Pero todavía no hay hojas a las que alimentar y la savia va con tanta fuerza, con tantas ganas de primavera, que no le da tiempo a frenar y sale por esa herida al mundo exterior. Y lo hace en forma de lágrima, o más bien de lagrimón, pero de alegría, porque vuelve a repetirse el ciclo de la vid.

¿Y cuánto tiempo se tirará llorando?. Pues no mucho, de siete a diez días, hasta que esas heridas de poda hayan cicatrizado del todo. Por entonces la planta ya estará completamente despierta y comenzará la siguiente operación, el desborreLas diminutas yemas de invierno, que estaban bien protegidas del frio invernal bajo una escama y con un abrigo de borreguito, comienzan a hincharse, animadas por el aporte de savia fresca. Poco a poco esas hojitas se irán desplegando y crecerán para alimentar a la planta y formar las uvas...y antes de que nos demos cuenta, habrá llegado de nuevo el momento de la vendimia. Pero eso, ya es otra historia.

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